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martes, 31 de diciembre de 2013

La capacidad de adaptación del diente de león (dandelion)


Generalmente cuando se habla de sistemas adaptativos se piensa por supuesto en animales y en la inteligencia artificial, sin embargo, las plantas han dado mucho que aprender en este rubro.

La razón por la que algunas plantas han sido objeto de estudio es su capacidad de adaptarse al medio e incluso aniquilar a otras plantas cercanas, una planta en particular es peculiar debido a su flor amarilla y que es conocida popularmente como diente de león (dandelion) pero su nombre científico es  Taraxacum, la cual se encuentra prácticamente en todos los continentes, tanto en áreas libres como en las grandes ciudades, aunque son originarias de Eurasia y América.

Se han descrito al menos 3100 variedades de las cuales solo 500 son especies aceptadas y se describen como plantas nocivas para las áreas naturales y los jardines.

Su nombre proviene del latín y significa hierba amarga. Existen variedades de ésta que se reproducen sexual y otras asexualmente, pero se ha demostrado que las que cumplen con una partenogénesis más efectiva son las asexuales,  una de las explicaciones más comunes es que tienen mayor plasticidad fenotípica debido a la selección eficiente de genotipos de propósito general.

Sin embargo, estudios muestran que las plantas que se reproducen sexualmente tienen una ventaja con respecto a las plagas y patógenos pues el sexo genera descendencia genéticamente variable que reduce el riesgo de infección.

La forma en que algunas de estas plantas logran abarcar amplios terrenos es por que sus semillas flotan ayudadas por el viento, que usan su forma a modo de paracaídas, por lo que la fuerza del viento las puede empujar por amplios tramos.

En un estudio realizado por Honek, Martinkova y Saska (2005) encontraron que la dispersión de las semillas se lleva a cabo 10 días después de la floración que se producen de manera masiva, sin embargo, entre el 11 y 13% logran plantarse, ya que existen diversos predadores, sobre todo pájaros y escarabajos que mantienen a raya la reproducción.

Ante la dificultad de plantación, un estudio realizado en el año 2000 encontró que la capacidad de esta planta para poblar áreas extensas aún con tan baja tasa de plantación es debido a que han desarrollado procesos tanto de clonación como de recombinación, lo cual las convierte en una especie capaz de poblar cualquier parte del planeta.


Se ha demostrado que los dientes de león y otras plantas tiene dos estrategias de pervivencia, lo que las hace peculiares para los estudios adaptativos, a dichas estrategias se les llama en inglés K y R que define la capacidad de perturbación de la respuesta de una población.   Ambos términos son derivados de la ecuación logística de crecimiento, en la cual K es igual a la capacidad ambiental de acarreo y R la tasa intrínseca de incremento de la población.

Por lo que la llamada reproducción estratégica es caracterizada por la producción de una gran cantidad de semillas (o unidades reproductivas) y la alta dispersión de las mismas, con lo cual se potencializa la tasa de incremento de una población dada bajo las condiciones ambientales que sean capaces de promover el crecimiento, lo cual las convierte en plantas difíciles de controlar.

El nivel de infestación depende del espacio que ocupan, en algunas lugares en los Estados Unidos pueden cubrir grandes extensiones, mientras que si se aplican constantemente métodos químicos, se reproducen más controladamente, pero no desaparecen.

Bajo este contexto, comencé a observarlas en mi propio jardín, en donde se encuentran dos variedades diferentes, una de planta larga y otra de planta rastrera.

En ambos casos se plantan lo mismo entre el pasto que sobre tierra fértil. Las formas para evitarlas son químicas, a través de líquidos que afectan solo a las raíces, modo que es usado por la ciudad para erradicar la población, o bien por métodos mecánicos que consiste en arrancar la planta desde la raíz. Sin embargo, este último procedimiento es complicado debido a la profundidad de las raíces.

Un tercer método (poco recomendable), es vertiendo agua hirviendo sobre los espacios afectados, pero debe tomarse en cuenta que no hay selectividad en el proceso, con lo cual se matan todas las raíces  alrededor, incluyendo pasto.

El primer año de observación implicó el reconocimiento de los espacios que ocupaban y la limpieza por métodos mecánicos. Algo que llama la atención es la tendencia a encontrarlas en medio de los rosales, que crean un espacio idóneo para su crecimiento, ya que no es que la planta tenga la capacidad de elegir el mejor lugar, sino que no soy tan tonta para meter la mano entre las rosas.

Su presencia se extiende desde las primeras semanas de la primavera, hasta las primeras semanas del otoño. En cuanto baja la temperatura desaparecen al igual que el resto de las plantas perennes.

Durante el verano es fácil ver a simple vista el vuelo de las semillas, que en este lugar son comidas por los pájaros, escarabajos y algunas babosas. El ritmo de reproducción bajo entre un 50 y un 75% al tercer año de análisis pero aun no se pueden erradicar, debido a que mientras existan plantas en áreas cercanas y medios de transportación, éstas seguirán creciendo.
He podido observar otros medios de transportación además del aéreo como el pelaje de las mascotas, las ardillas y otras criaturas o las plumas de los pájaros. 

Seguramente, si ha llegado al final se comienza a preguntar que tiene que ver la increíble capacidad del diente de león para sobrevivir con el aprendizaje. Bueno, si aún no lo ha notado, es porque las especies requieren de la innovación biológica y tecnológica para mantener su tasa de crecimiento y reproducción, lo mismo que el aprendizaje. No se pueden usar las mismas respuestas cuando la cultura no es estática.

En la siguiente entrada de este blog les compartiré una teoría matemática fascinante capaz de explicar la evolución.

Referencias:
                  
Honek, A., Martinkova, Z., & Saska, P. ( 2005) Post-dispersal predation of Taraxacum officinale (dandelion) seeds. Journal of Ecology. 93 (2) 345-352.

Van Der Hulst, RGM., Mes, THM., Den Nijs, JCM., & Bachmann, K. (2000) Amplified fragment lenght polymorphism (AFLP) markers reveal that population structure of tripoid dandelions  (Taraxacum officinale) exhibits both clonality and recombination. Molecular Ecology. 9 (1) 1-8.

Verhoeven, KJF., and Biere, A. (2013) Geographic parthenogenesis and plant-enemy interactions in common dandelion. BMC Evolutionary Biology. doi:10.1186/1471-2148-13-23. Disponible en red: http://www.biomedcentral.com/1471-2148/13/23

Zimdahl, RL. (2007) Fundamental of Weed Science. Academic Press.  UK.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La escuela como espacio de aprendizaje

Generalmente se relaciona a la escuela con el espacio arquitectónico donde la mayoría de las personas pasan su niñez y buena parte de su edad adulta.

Se perciben como espacios finitos donde al parecer solo basta sentarse y escuchar para aprender. Sin embargo, desde hace algunos años, existen investigaciones que miran a las escuelas como parte del paisaje del entorno donde lo que pasa dentro tendrá un impacto en la vida de los educandos.

Cuando se dice escuela se piensa inmediatamente con las barreras que impiden que los niños corran alocadamente. La siguiente idea que surge con este concepto, es la relación que se construye en los salones de clase entre los maestros y los alumnos y entre alumnos. Pero una mirada aún más profunda, permite ver que la escuela es un espacio dentro de una comunidad, que sin importar la cultura, el país o la economía de un grupo, se ha buscado desesperadamente la creación de herramientas cognitivas para los alumnos, de cualquier nivel, con el fin de resolver los problemas de la comunidad en la que se asientan.

En este sentido, este análisis busca mirar de afuera hacia adentro, diferentes investigaciones que presentan elementos que de manera particular se han analizado en las escuelas de diferentes países, pero que poco se han revisado en el entorno Iberoamericano. De ahí se analizan los entornos, los edificios, las paredes, los sanitarios y los salones como entornos de aprendizaje, y relación con los demás, haciendo un paneo de  afuera hacia adentro de ese espacio que llamamos escuela.

La percepción del espacio escolar

Cuando se les pregunta a los niños si les gustan los edificios de sus escuelas, casi siempre dicen que no, pero que eso no importa, ellos deben ir a ella con una fe ciega, por que se les manda, pero cuando se pregunta si les gusta ir al parque, siempre responden con una gran sonrisa y dicen que si, pues se sienten libres.

Ante esta diferencia de la apreciación del entorno, Fisher y Frase en 1983 realizaron un estudio que analiza la percepción de los espacios escolares y para ello llevaron a cabo un estudio comparativo sobre lo que los niños y maestros  desearían, comparado con lo que tienen en sus salones de clase. El estudio no solo encontró diferencias entre lo que tienen y desean, sino entre los niños y los maestros. Su conclusión es que aunque las personas ocupan un mismo espacio lo observan y lo viven diferente. Los niños lo veían como espacios aburridos, encerrados, sin vida, lleno de paredes y puertas que no permiten sentir libertad, mientras que los maestros lo veían como su centro de trabajo y sin mucha opción de cambios.

Con este estudio como antecedente Fraser un año después (1984), condujo el mismo estudio en otra escuela primaria, y encontró diferencias similares, los niños se sienten encerrados en espacios con paredes y donde muchas veces no hay oportunidad de correr o reírse pues molestan a los adultos.

Bajo la tradición religiosa, que fue el nicho de la educación por muchos años, la educación se ha venido ofreciendo en lugares cerrados dignos de reverencia y meditación, pero las escuelas como espacios de enseñanza independientes de la religión, no cambiaron demasiado esa percepción cultural (Burke,  Cunningham & Grosvenor, 2010), y se continuaron diseñando espacios angulares, con bancas para dos o tres personas y procurando la vista al frente, como cuando se mira al sacerdote en la iglesia (Dudek, 2009).

Aun cuando las escuelas poco a poco intentaron deslindarse de esta conceptualización, con el aumento de la población y la violencia, eventualmente se han agregaron barrotes a las escuelas y con ella, desde fuera, dan la impresión de que nada puede entrar ni salir de ellas (Roeser, Midgley, Urdan, 1996; Burke, Cunningham & Grosvenor, 2010).

Es por ello que diversos estudios buscan crear mejores espacios de enseñanza y aprendizaje, aunque socialmente, parece que se centra la educación en las personas, y se olvidan de los espacios, pero la arquitectura de las escuelas comienza desde la primera mirada que se hace de ellas (Dudek, 2009; Bruff, 2009; Falk y Baling,  2010), sin embargo, a pesar de que se mira a las escuelas como semilleros donde las mentes jóvenes florecen, los espacios a veces no dan esa impresión, especialmente para los niños que miran con desagrado muchas veces desde la fachada exterior de sus centros de estudio.

Es por ello que actualmente se propone que si las rejas no se pueden eliminar, se tengan jardines exteriores donde la comunidad y los niños puedan tener percepción de un lugar de crecimiento, de cambio, con el fin de crear espacios visualmente invitantes para permanecer (De Giuli, Da Pos y De Carli, 2012).

Ante esta idea, Brink, Nigg, Lampe, Kingston, Mootz, van Vliet (2010) realizaron una propuesta simple en los Estados Unidos: renovaron los patios escolares, les dieron un sentido de libertad, donde los niños podían correr a pesar de ser espacios reducidos, se eliminaron barreras para los niños con necesidades especiales y sembraron plantas; en algunas escuelas las renovaciones fueron simples, en otras los trabajos fueron mayores, todos apoyados por las comunidad escolar. Estas tareas, permitieron aumentar no solo el deseo de movimiento en los niños, sino sus notas escolares.

Esto beneficia no solo las calificaciones, sino la salud de los alumnos, como lo muestran el proyecto de escuelas activas que se realiza desde 2001 en distinto países que han adaptado el modelo Move it Groove it (Zask, van Beurden, Barnett, Brooks, Dietrich, 2001). El modelo busca crear actividades de movimiento físico no solo como parte de una materia específica, sino dentro del entorno, para lo cual, los niños deben caminar para llegar a las aulas, a veces, a falta de espacio se usan laberintos, y se las escaleras se diseñan apropiadamente para que los niños la usen como parte de su esfuerzo físico. Esto sería particularmente importante en países como México donde los índices de sobrepeso son notorios.

Por otra parte, como arquitecto Gutiérrez Paz (2009) explica que a pesar de que existen estándares básicos para los edificios escolares, también es innegable que la arquitectura expresa una forma de pensamiento, y que las escuelas reproducen un mismo modelo, con la impresión de ser vigilado dentro y fuera de los recintos, por lo que se sugiere que los edificios escolares deben expresar inclusión y no exclusión, así como una imagen de apertura hacia la comunidad.

Propuestas para el mejoramiento exterior hay muchas, pero hay dos que son especialmente motivantes, la primera tiene que ver con los espacios verdes, por lo que se proponen jardines escolares como espacios de aprendizaje, cuidado y embellecimiento (Blair, 2009; Cosco y Moore, 2009), con los cuales los niños aprenden habilidades de cuidado y hasta de ciencia, mismas que pueden reproducir en sus comunidades (Miller, 2007), construyendo un pensamiento ecologista para el cuidado de los recursos naturales, además se encuentra que la conexión con la naturaleza crea un vinculo afectivo en los niños (Chen-Hsuan Cheng y  Monroe, 2010).

 Es cierto que en las principales ciudades mexicanas hace falta el agua, pero existen propuestas para elegir las plantas que requieran menos cuidados como el caso de las rosas, las cuales sobreviven a casi todos los ambientes. A esto se le agrega que los niños aprenden más de biología, ecología y responsabilidad que en todos los libros de texto

La segunda propuesta tiene que ver con el arte, el cual se mantiene alejado de las escuelas, pero que es capaz de convertirse en un instrumento de aprendizaje, donde la comunidad puede elegir temas y ser parte de los proyectos escolares (Dzib Goodin, 2012a).. Se puede pensar en las artes visuales, pero deberían incluirse otras propuestas que se ha demostrado que los niños aprecian cognitivamente, respetando los entornos y la idiosincrasia de las comunidades donde se establecen las escuelas (Bratteteig, & Wagner, 2012; Florence Oluremi, 2012), ya que sin duda, el arte es universalmente apreciado. Ejemplo de ellos son los murales que se pintan en las calles que dan un sentido figurativo distinto para quien lo mira. La gente deja de ver una pared, para mirar un espacio reflexivo.


Los espacios interiores: patios, sanitarios y escaleras

Una vez que se pisan los interiores escolares, debe considerarse los espacios comunes y sus dimensiones. Los niños requieren de espacios para correr durante los descansos, dichos espacios deben ofrecer seguridad e invitar a la actividad física, pues en un país donde el índice de obesidad es tan alto, la actividad física no puede dejarse de lado (Brink, Nigg, Lampe, Kingston, Mootz, van Vliet, 2010; Gorman, Lackney, Rollings y  T-K Huang, 2012), pero el sentido de movimiento no solo lo produce quien se mueve dentro del espacio mismo, puede ser producido por los entornos.

Por supuesto, no pueden olvidarse que la búsqueda de la inclusión no es solo dentro de las aulas, sino fuera de ellas,  como lo propone el manual de las escuelas amigables para los niños de la UNICEF (2009). Las adaptaciones pueden ser posibilidades creativas, de bajo costo pero que hacen una diferencia enorme en la percepción del entorno de los niños, ante ello la propuesta de las sustentabilidad de los entornos para dar respuesta  a la diversidad hace su aparición (Zanoni y Janssens, 2009).

Aun cuando existen una percepción universal de entornos y de colores, éstos han de usarse de manera juiciosa, ya que por ejemplo el color blanco se relaciona con hospitales y a los niños no les gusta estar en ellos, Además, existen adaptaciones culturales que se deben aplicar (Sennett, 1992) con la meta de que las personas desarrollen un sentido de pertenencia de los entornos arquitectónicos, es por ello tan importante pensar en la diversidad, al mismo tiempo que en la universalidad de las zonas comunes, ya que en la escuela no solo acuden niños, también hay adultos que conviven y pasan muchas horas del día en esos espacios (Khare, y Mullick, 2009; Falk y Baling, 2010).

En este sentido, como en muchos otros espacios públicos existe un entorno que es sin duda es un espacio común que puede ser analizado como un tema de salud pública, o como un espacio socio-psicológico que no puede ser ignorado.

Los sanitarios son un asunto de salud descuidado muchas veces en los lugares públicos, pero sobre todo en las escuelas. Las escuelas no deberían operar si no cuentan con espacios limpios y con materiales de aseo suficiente, comenzando con agua, jabón y papel desechable que permita a los niños hacer sus necesidades en un ambiente sano y cómodo, como lo explican Lau, Springton, Sohn Masonm,  Gadola,  Damitz y Gupta, (2012) que encuentran una estrecha relación entre la higiene y el ausentismo escolar, provocado por enfermedades desde diarreicas hasta respiratorias, prevenibles con higiene.

Del mismo modo, los sanitarios deben contar con puertas en los privados y  en condiciones que eviten la invasión a la privacidad o que permitan la violencia entre los escolares, pues muchas veces el acoso escolar se da en estos espacios alejados de los ojos de los demás, ya que se reportan asaltos con y sin violencia en donde la gente se encuentra vulnerable para de correr o incluso pedir ayuda. Se encuentra incluso que los niños sufren daño renal al evitar acudir a los sanitarios (Ingrey, 2012).

Las escaleras brindan mucho apoyo cuando cuentan con rampas para quienes las requieren, sin embargo  muchos centros educativos aún no realizan las adecuaciones para la inclusión de las personas con discapacidad siendo las más necesarias para las personas con dificultad motriz, visual e incluso cognitiva, como el caso de las personas con trastornos del espectro autista (Gutiérrez Paz, 2009; UNICEF, 2009; Khare y Mullick, 2009).

Los salones como espacios motivadores

Cuando la gente piensa en las escuelas del futuro, inmediatamente vienen a la mente los salones, por lo que la apuesta es cambiar la percepción de que los salones son espacios estériles para las ideas, con paredes desnudas, espacios muertos, sin creatividad, donde alumnos y maestros intercambian ideas, ya que pueden ser mucho  más.
 
Actualmente, las naciones piensan en salones con equipo electrónico, donde los niños puedan tocar pantallas, tener acceso a tabletas y donde los teléfonos celulares tengan una presencia cada vez más destacada en el aprendizaje. Todas estas propuestas tendrán cabida en grupos donde la tecnología tenga sentido cultural, ya que es la palabra la protagonista del aprendizaje en presencia o ausencia de las personas. La palabra es la transmisora de ideas y de conocimientos, y ésta se transfiere por cualquier medio de comunicación, desde los cuentos hasta las computadoras más sofisticadas.

El gigante tecnológico Apple con la visión de Steve Jobs, comenzaron a finales de la década de 1980, diversas investigaciones donde analizan cómo deberían ser los salones del futuro. Lo que encontraron lo aplicaron en sus equipos, desde computadoras hasta sus tabletas, y que personalmente creo que es el secreto del aprendizaje: la intuición al servicio de la curiosidad (Dwyer, Ringstaff, Haymore Sandholtz, y Apple Computer Inc, 1988).

Los psicólogos, sin embargo,  han realizado análisis de la relación entre el espacio de aprendizaje y la motivación, intrínseca y extrínseca, para diseñar salones como espacios arquitectónicos mirando a los maestros como creadores de espacios de conocimiento para  generar la curiosidad y el aprendizaje (Carole, 1992; Péter-Szarka, 2012), pero que en la búsqueda de la receta mágica, pierden muchas veces el entorno. Centrarse en modelos de enseñanza, no necesariamente potencializa el aprendizaje.

En este sentido Miller (2007) propone que los espacios donde los niños pueden ver jardines desde sus pupitres, permite el desarrollo de competencias comunicativas, creativas y de bienestar en el entorno, que se agrega al conocimiento del mundo y el cuidado del ambiente, de tal forma que los jardines no solo embellecen el espacio fuera de los salones, los benefician desde adentro. Estudios similares han sido conducidos con otras poblaciones y entornos (Wells, 2000; Woolner, McCarterWall,  y Higgins, 2012).

Pero los  maestros como creadores de la enseñanza buscan crear espacios de reflexión y de pensamiento creativo, ejemplo de ello son las experiencias donde los niños piensan, crean preguntan, se escuchan, respetan (Haynes, 2008), donde la tecnología irrumpe de manera creativa también tiene un espacio, no por obligación, no por que otros países hacen su apuesta por la tecnología, sino cuando una respuesta natural a las necesidades de alumnos y maestros (Strommen y Lincoln, 1992).

En este sentido, cuando se piensa en la población meta, aprenderían de otra forma, por ejemplo, cuando se enseña de los errores y se celebran, los resultados son impresionantes, como lo muestras algunas escuelas en los Estados Unidos donde el aprendizaje de las matemáticas encuentra una excusa cuando el error irrumpe (Ewart, 2012).

La experiencia puede ser aún más enriquecedora, cuando se agrega el arte, como estrategia para trabajar la lectura o la escritura que son claves para las competencias comunicativas (Dzib Goodin, 2012b), pues si las palabras fluyen, la imaginación hace su mejor esfuerzo por crear. Es por eso que las metáforas son tan importantes en los primeros años y para el aprendizaje de la ciencia. Pues la palabra tiene la cualidad de escucharse o mirarse, o bien representarse a través de una fotografía, una pintura o una partitura con movimiento, como lo expresa la danza.

Cuando la creatividad entra en la mente de los maestros, los espacios se vuelven infinitos y las herramientas se diversifican, pero sobre todo, los niños son capaces de  tener mejores experiencias (Bruff, 2009, Bratteteig & Wagner, 2012; Dzib Goodin, 2012b, Brown Martin, G, 2012).

Conclusión

Las escuelas son mucho más que paredes y personas que conviven son, sin lugar a dudas experiencias de vida que promueven o frenan el desarrollo académico y profesional de las personas que en ella conviven. Se encuentran en prácticamente todos los entornos sociales, culturales o territoriales y tienen como meta transmitir conocimientos.

Sin embargo, cuando se piensa en las mejoras escolares se piensa en objetos, sin tomar en cuenta a los protagonistas de esos espacios, es por ello que el entorno cobra especial importancia, por que las escuelas son parte de las comunidades que las albergan, pues esas familias, ponen su fe en que las escuelas brindan un mejor futuro a sus hijos y deben ser por ello, deben reflejarse en esos espacios académicos y ser vistos como territorios extraños u hostiles (Sang- Woo, Christopher, Byoung-Suk, Sung-Kwon, 2008).

Como bien explica Brown Martin (2012) las escuelas deben ser respuestas a las necesidades de una sociedad que pone su esfuerzo en crearlas como entornos creativos, donde los alumnos puedan crecer en todos los sentidos. Finalmente, las escuelas son los entornos donde la sociedad cambia, y activa su capital humano (Dzib Goodin, 2012a).

Por eso deben ser diseñadas para que todos puedan convivir, donde todos encuentren un lugar sin importar capacidades, diferencias, preferencias. Deben ser espacios de inclusión (Erkilic &  Durak, 2012), donde hasta los niños con menores recursos económicos puedan sentirse orgullosos de pertenecer, pues ello impulsará su futuro y el de sus países (Florence Oluremi, 2012), por que las escuelas no son solo para quienes pueden aprender, sino para quienes deseen hacerlo, incluyendo los grupos marginados quienes deben encontrar un motivo exacto para el cual asistir. Ello comienza desde afuera de las escuelas, con espacios ambientales llamativos, hasta espacios interiores donde sientan que son parte de algo importante: su propio crecimiento (McGregor y Mills, 2010).

Pero las escuelas requieren del ingrediente que no se compra o funciona desde una tableta, la motivación para aprender, la motivación para enseñar, no puede ser comprada, incluso en las peores condiciones cuando una persona desea saber algo, logra salir adelante, como los niños de una escuela en la India, que toman clases bajo un puente, pues no tienen un espacio arquitectónicamente adecuado (Medina, 2012), pero su escuela tiene algo que los psicólogos, los pedagogos y las sociedades buscan desesperadamente: la motivación para que los niños quieran aprender y ser mejores, para con ello, desarrollar sociedades auto motivadas para el cambio.

La escuela vista como entornos tiene sin duda un espacio de reflexión, finalmente, los niños y los alumnos de todos los niveles, lo valen.

Referencias:

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Bratteteig, T., & Wagner, I.  (2012) Spaces for participatory creativity. CoDesign: International Journal of CoCreation in Design and Arts. 8 (2-3) 105-126.
Brink, LA., Nigg, CR., Lampe, AMR., Kingston, BA., Mootz, AL., van Vliet, W. (2010) Influence of schoolyard renovations on children’s physical activity: The learning landscape program. American Journal of Public Health. 100 (9) 1672- 1678.
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viernes, 18 de octubre de 2013

¿Inteligencia o respuestas adaptables al ambiente?

Parece que a veces el universo se confabula para hacerme caer en ciertos temas, ya que diferentes personas me han compartido textos sobre el tema de la inteligencia  durante las últimas semanas. No les voy a mencionar, en caso de que este artículo cause ofensa a algunos, pero les agradezco mucho a todos su inspiración. Leí casi 500 páginas antes de atreverme a darle sentido a mis ideas.

No es un secreto que no comulgo con el concepto de inteligencia, lo he dicho en diversas conferencias, cuando la gente me pregunta cómo se engarza ésta con mis ideas sobre aprendizaje, hasta ahora, no la he necesitado para explicar que las especies, evolutivamente tienen que adaptarse al medio, siendo el aprendizaje el proceso que les permite crear respuestas acordes a las necesidades del entorno.

Creo que he visto al concepto de inteligencia como una tautología: nadie puede probar que sea necesaria para el aprendizaje, pues con las estrategias de enseñanza correctas todos son capaces de aprender, y cuando me refiero a todos hablo de niños con trastornos del neurodesarrollo, personas con daño cerebral adquirido, y otras especies. Si la respuesta tiene sentido en el medio, dicha respuesta se puede desarrollar bajo mecanismos específicos.

Al mismo tiempo, hasta ahora, después de muchos años de pruebas y niños etiquetados, aún no hay acuerdo en qué es la inteligencia, no hay un acuerdo ni entre los modelos biológicos, neurocognitivos o psicológicos, ni es posible encontrar estudios capaces de unificarla desde diferentes puntos de vista.

El mapa siguiente me permite argumentar mi negativa a creer, por un lado que podemos hacer a alguien más inteligente, como se atreven a decir muchas escuelas y por otro, que quien es poco inteligente lo va a ser toda la vida:
 
Tomado de Lynn and Vanhanen, (2012)
Este mapa fue creado a partir de cientos de estudios realizados por diversas asociaciones y con investigaciones independientes en todo el mundo empleando diversas pruebas estandarizadas que miden inteligencia y publicado por Lynn y Vanhanen. Lo que veo es que sin duda, hay enorme impacto cultural, que en promedio no se aumenta la inteligencia por asistir a una escuela costosa y que la inteligencia no resulta victoriosa ante la prueba del ambiente.

Hasta ahora, lo que puedo asegurar, pues es una constante a lo largo del tiempo, es que el lenguaje, la lecto escritura y la aritmética, son procesos que sobreviven al paso de las generaciones, pero que son dependientes del entorno social, por lo que la cultura tiene un gran peso en eso que llaman inteligencia.

Si se mira a detalle el mapa, Finlandia que es el país mejor colocado en las pruebas de PISA, no está entre los más inteligentes. Si se hace una correlación entre dichas pruebas y el promedio de inteligencia de los países, probablemente lo único claro es que a mayor insumo cultural, mayor promedio en las pruebas académicas, pero lo otro es que la inteligencia no se correlaciona con las pruebas académicas.

Pero esto tiene sentido, ya que las necesidades ambientales dirigen el tipo de respuestas que se espera, en el caso de los Estados Unidos, la inteligencia se ubica en las costas este y oeste, ¿no será que el paisaje tiene relación?.

Ahora bien, detengamos la marcha por un momento, socialmente se dice que las personas más inteligentes son aquellas que logran destacar, por ejemplo un  par de iconos en ciencia: Albert Einstein y Stephen Hawking, ambos con malas calificaciones en la educación inicial, pero a ninguno se le considera genio por su puntaje en pruebas de inteligencia, sino por su capacidad de analizar problemas que nadie más habría podido resolver.

Se admira a las personas que tienen la capacidad de unir los puntos como ninguna otra persona lo hace en cualquier ámbito, lo que implica el proceso de pensamiento divergente, convergente, asociación de ideas y especialmente creatividad.

Esta capacidad de ser flexible ante el ambiente es lo que permite a algunos llevar a la humanidad a otro nivel. Windows, la Ipad, los artistas y las más emocionantes teorías en ciencia, surgen cuando alguien es capaz de romper el modelo y hacer algo nuevo, llamémosle flexibilidad mental.

Esto aplica a humanos pero también a otras especies. Estudios con perros han demostrado que a mayor domesticación, mayores respuestas sociales adaptativas se encuentran y cuando se busca en especies que no han tenido contactos domésticos, como los estudios con ardillas y perros de las praderas, se encuentra que aún ellos, son capaces de aprender y flexibilizar sus respuestas ante un ambiente cambiante. Sin embargo, al igual que los aprendizajes escolares, la domesticación hace dependientes a las especies.

De ahí que surge una pregunta: ¿se hereda la inteligencia?, la evidencia muestra que no, la naturaleza no va a transmitir habilidades que fueron funcionales para una generación pero no lo serán para otra. Muchas personas que nacieron antes de la generación X se encuentran empantanados con las nuevas tecnologías. Las nuevas generaciones por otra parte, se adaptan a cambios continuos.

Esto aplica a redes neuronales cerebrales y artificiales, los algoritmos demasiado rígidos no son exitosos, debe haber espacio para la adaptación.

Es entonces que me surge este prurito mental cuando en la Educación todos deben saber lo mismo y las pruebas de inteligencia determinan el éxito de los niños. Esta clasificación simplona de inteligentes y no inteligentes es absurda a la luz de la evidencia y cómo han demostrado diversas investigaciones, solo aumentan el nivel de tensión en los niños encontrando altas correlaciones entre baja  auto estima y depresión entre los niños etiquetados como inteligentes.

Fue Jean Piaget quien dijo que lo importante no era la respuesta del niño, sino la lógica empleada por el niño para llegar a ella. Si a Steve Jobs le hubieran aplicado un examen de cómo funciona una computadora, seguro lo hubieran crucificado, porque sin duda habría visto mucho más de lo que sus maestros eran capaces de ver.

Hasta ahora, ninguna escuela costosa que asegure aumentar la inteligencia de los niños es una fabrica de genios. Hasta ahora, sin importar el nivel de inteligencia de nuestros progenitores, alguien ha podido sentarse a ver como vuelan los pájaros. Todos debemos encontrar nuestro camino, diseñarlo, crearlo y hacer de ello algo que valga la pena.

Así que respondiendo a todas las personas que me preguntan, comparten y comentan sobre el tema de la inteligencia, aquí está mi respuesta: nadie ha podido demostrar que es un proceso único y yo no puedo convencerles de que deberíamos explotar la creatividad, el pensamiento convergente y divergente en las escuelas, porque nadie sabe cómo será el futuro y hasta ahora, no he visto un sólo caso donde el aprendizaje dependa de la inteligencia, ni en humanos, ni en otras especies ya sea animales o vegetales.


Referencias

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Lynn, R.,  and Vanhanen, T. (2012) Intelligence: A unifying construct for the social science. Ulster Institrute for Social Research. London, UK.