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miércoles, 31 de agosto de 2011

La relación entre la memoria y la atención

La memoria y la atención se encuentran relacionadas indiscutiblemente pues parte del proceso de atención tiene su principio en recordar lo que los sentidos captan. Cuando uno presta atención a un sabor, el sentido químico del gusto intentará desmenuzar los sabores y recordar cada uno de los componentes hasta poder decir: sabe a…

Cuando se pone atención a partir del sistema visual, uno debe recordar la ubicación espacial de los objetos, los colores, formas y estructuras compositivas de lo que se mira, a veces la velocidad y la naturalidad del movimiento (Delaney,  Nghiem y Waldum, 2009). Y el proceso se vuelve complejo cuando después de mirar algo por un rato, se hacen preguntas específicas sobre ese objeto o esa composición. Por supuesto, entre más elementos se encuentren en lo que se observa, más complejo es determinar que se miró.


Analice la imagen, vea los colores, y las formas, reconozca los objetos, revise la composición.

¿Reconoce las aves?, ¿sabe sobre que están caminando?, ¿en dónde fue tomada la fotografía?

La atención tendrá que basarse en el conocimiento previo de los elementos o de otro modo no será posible reconocer lo que se mira (Ruiz Contreras y Cansino, 2005). De ahí que el cerebro requiera de la complejidad de la interacción entre la memoria episódica también llamada de trabajo y la memoria a largo plazo que permita crear acceso a la información previa en el sistema. El principio se ha explicado como una revisión de los archivos contenidos en el cerebro, conservados para ser empleados a necesidad (St. Clair Thompson,  2010).

 Pero entonces, ¿cómo surge este sistema tan complejo y a veces hasta delicado llamado memoria en el proceso evolutivo?.

La memoria, al igual que los demás procesos básicos (sensación y percepción, aprendizaje, motivación y emoción, pensamiento y lenguaje), está puesto al servicio de la pervivencia de la especie, es decir, sirve para mantenernos sobre la faz de la tierra. Pero además se adecua a las necesidades del individuo dependiendo de la interacción que tenga con el medio (Killgore y Yurgelun-Todd, 2009).

En este sentido, se puede afirmar que el proceso de la memoria es flexible y en años recientes se ha encontrado que sus células son renovables, pues se ha hecho mucha investigación que muestra que tanto las células del hipocampo que es donde se cree está asentada físicamente el proceso de la memoria, como las del bulbo olfatorio, cambian constantemente, al igual que los células óseas y las dérmicas (Alvaréz – Buylla  y García Verdugo, 2002).

Es por ello, en parte que la memoria requiere consolidación. Intente recordar estos dígitos: 9, 3, 9. 0, 9, 2, 1, 7…

Usualmente se asocia al aprendizaje con la memoria, de hecho el proceso completo es aprendizaje y memoria, ambos requieren de la atención, pero entonces ¿se recuerda y luego se aprende o se aprende y luego se recuerda?. ¿Qué fue primero? ¿el huevo o la gallina?. Desde el punto de vista cerebral, uno se apoya en el otro, puedo decir mi nombre porque he aprendido que asi me conoce la gente y si entre una múltitud alguien grita mi nombre, aún con poco esfuerzo, buscaré a quien creo que me llama. Pero entonces ¿los bebés tienen conocimientos previos que luego recuerdan?

Antes que nada, la memoria se encuentra en otras especies, se han realizado múltiples estudios de memoria en gatos, todos sabemos que los perros recuerdan caminos, personas y olores, que algunas especies de aves pueden recordar palabras y que entre más grande y evolucionado el cerebro de una especie, le es posible crear interacciones más complejas entre procesos.

También se sabe que la memoria está localizada en el hipocampo, el cual es parte de lo que se llama sistema límbico, ubicado exactamente a la mitad del cerebro y que también alberga a las emociones. De ahí que exista una fuerte relación entre la memoria y la emoción.


Esa relación crea recuerdos incompletos, por ejemplo cuando adultos recordamos el momento en que uno de los padres empleó algún tipo de castigo para reprender una conducta indebida. Es sencillo recordar el castigo y el dolor causado, ya sea físico o emocional, pero cuando se pregunta: ¿Por qué te castigaron?, usualmente el recuerdo es mucho más vago. La conducta indebida no inflingió el dolor, el castigo fue el evento doloroso.

¿Puede recordar los números que se anotaron un poco más arriba en este artículo?, ¿recuerda el orden exacto?, ahora… ¿podría recordarlos en orden inverso?...

Cuando se llevan estudios de laboratorio, usualmente se emplean estímulos como recordar dígitos, palabras en orden, relacionadas… como se hace en las pruebas psicométricas, pero en la realidad, la cantidad de estímulos es tal, que difícilmente se pueden recordar y poner atención a tantos eventos. Antes se decia que el número mágico de la memoria era 7±2… pero si logramos recordar 3 cosas, a veces es suficiente.

Y en esta era de la información donde todo fluye a velocidades de pentium 5… ¿cómo recordar la fecha del día, la cita de las 5, la lista del super, la tarea de mañana, el cumpleaños de alguien, el número de teléfono y además, poner la alarma de despertador?.

Aprendemos a depender de aparatos que nos hacen fácil la vida, como las agendas electrónicas, los teléfonos inteligentes, la Ipad, la laptop… los papeles autoadheribles… pues el cerebro no es expandible, está confinado en un espacio finito, por ello depende de la economía cognitiva, y recuerda solo lo importante ¿dónde dejé mi célular?.

Pero cuando bebés, las cosas son distintas. No se recuerda, se actua a partir de los llamados instintos primarios, comer, dormir, defecar… eso no se tiene que recordar, tampoco respirar o sudar. La naturaleza dotó a las especies de medios de sobrevivencia. Si bien el cerebro está apto para funcionar en esas condiciones, no está completamente desarrollado. De hecho, quiero pensar que nunca termina de desarrollarse, pues las distintas áreas comienzan la carrera por cablear, que no es otra cosa que crear redes neuronales, funcionales, es decir, que den respuesta a las necesidades del ambiente (Dzib Goodin, 2011).

La carrera por conectar, bajo la lucha del más fuerte y de que solo lo que se usa se queda y lo que no se desecha, comienza desde antes de nacer, pero será más evidente durante el primer año de vida. Comienza el desarrollo de lo que se conoce como sustancia blanca, que no es otra cosa que el medio conductor de impulsos electricos.  A esta sustancia se le ha asociado con la velocidad de procesamiento y de conectividad entendida como la capacidad de conectar diferentes regiones del cerebro de forma eficaz (Roberts, Anderson y Husain, 2010; Tirapu-Ustárroz, Luna-Lario, Hernáez-Goñi,  y García-Suescun, 2011).

Conforme crecemos, con la interacción del ambiente, se van creando redes o circuitos específicos, de ahí que aun cuando dos personas vivan los mismos eventos, cada uno recordará o analizará el mismo de manera distinta. Algunos desarrollarán más el sistema visual y les será sencillo recordar estímulos visuales mientras que otros se inclinarán más por lo sonoro.

La relación entre el aprendizaje y la memoria, surge entonces como una necesidad de consolidar aquellas cosas que se vuelven importantes, por ejemplo el camino a casa, el nombre de la calle donde se vive, el nombre propio, como andar en bicicleta o bien conducir un auto,  recordar el alfabeto y los sonidos asociados a cada signo, lo mismo sucede con los números, la relación entre las operaciones aritméticas… lo que se aprende se mantiene en el sistema cognitivo, si además hace falta y se usa constantemente, se consolida, si se le suma aquello que nos gusta y nos hace sentir bien, muy probablemente se repetirá muchas veces, tantas, que creará una red neuronal fuerte y será dificil modificarla.

Los hábitos, no son más que redes neuronales consolidadas, no hay que pensar como se usa el cepillo de dientes, en cuanto nos acercamos a donde está, lo tomamos sin pensar con que mano debe hacerse, lo usamos como mejor podemos, nos enjuagamos y lo ponemos en su lugar sin pensar demasiado en ello.

Usted como lector experto ha podido reconocer cada signo de este escrito, recordó los sonidos asociados, los juntó, los comprendió y le dio un significado al texto. Nadie ha tenido que decirle, esta es una A y esta una B y suena así… ahí se explica la relación entre aprendizaje y memoria.

¿Puede mencionar los números que se leyeron antes en este escrito?, ¡no se preocupe!, el 98% de las personas no logra hacerlo y en este caso es un buen síntoma pues prestó más atención al texto. ¿de que sirve recordar esos números? A menos que haya una recompensa de 3 mil dólares no vale la pena emplear una parte de su procesamiento cognitivo para ello.

Se consolida en la memoria, aquello que sirve, que nos causa una emoción muy fuerte, o aquello que nos permite sobrevivir. ¿A quién le importan unos cuántos números?, solo aquellos que tienen una lesión cerebral que les crea una obsesión… a veces es bueno depender de los medios electrónicos para recordar, o de los procesos fisiológicos, para recordar que ya es hora de comer.


Alma Dzib Goodin

Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco más de mi trabajo en: http://www.almadzib.com  
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Referencias

Alvaréz – Buylla, A. y García Verdugo JM. (2002) Neurogenesis in adult subventricular  zone. The Journal of Neuroscience. 22(3) 629-634.

Delaney, PF., Nghiem, KN and Waldum, ER. (2009) The selective directed forgetting effect: Can we forget only a part of a text?. The Quaterly Journal of Experimental Psychology. 62 (8) 1542-1550.

Killgore, WDS. and Yurgelun-Todd, DA. (2009) Cerebral correlates of amygadla responses during non-conscious perception of facial affect in adolescent and pre adolescent children. Cognitive Neuroscience. I (1) 1-11.

Roberts, R.E., Anderson, E. J., Husain, M. (2010) Expert Cognitive Control and Individual Differences Associated with Frontal and Parietal White Matter Microstructure. The Journal of Neuroscience. 30(50): 17063-17067.

Ruiz Contreras, A. y Cansino, S. (2005) Neurofisiología de la interacción entre la atención y la memoria episódica: revisión de estudios en modalidad visual. Rev. Neurol. 41 (12) 733-743.

St. Clair Thompson, HL. (2010) Backwards digital recall: A measure of short-term memory or working memory?. European Journal of Cognitive Psychology. 22 (2) 286- 296.

Tirapu-Ustárroz, J.,  Luna-Lario, P., Hernáez-Goñi, P., García-Suescun, I. (2011) Relación entre la sustancia blanca y las funciones cognitivas. Rev Neurol. 52 (12): 725-742.