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miércoles, 7 de septiembre de 2011

La memoria y el lenguaje

Cuando se habla de memoria en general se le asocia con el pasado y los recuerdos, sin embargo, la memoria tiene mucho que ver con el lenguaje, pues mientras se estructura una frase, se realizan asociaciones temporales ya sea pasadas presentes o futuras, no creo que haga falta explicar demasiado este aspecto, pues todos sufrimos con la conjugación verbal en los primeros años de la educación formal.

Y es que el cerebro está todo el tiempo influido por patrones espaciales y temporales a través de todos los sentidos (Hawkins y Blakeslee, 2004), y entonces decimos: ¡claro, ya había leído eso!, o bien: ¡eso sabe a… y lo comí en… ¡.

Es importante poner atención durante una conversación si se está hablando en tiempo presente, pasado o futuro, pues de ello depende la estructura de la frase. Por supuesto, no es un conocimiento con el cual se nazca, es de las tareas que se van aprendiendo con el tiempo, la maduración cerebral, las demandas del entorno y las habilidades verbales, primordialmente impuestas desde la genética.

¿Cómo puede entonces un cerebro atender tantas cosas al mismo tiempo?. Lo hace primordialmente por impulsos electricos que viajan a través de las conexiones sinápticas que se disparan cada 5 milisegundos, que trabajan en  tareas en parelelo, es decir, que hace muchas cosas al mismo tiempo y a distintos niveles, ejecuta tareas de manera conciente y otras de manera inconciente y además presta atención al entorno y a los detalles (Hawkins y Blakeslee, 2004; Glöckner y  Witteman, 2009).

Pero si se analiza el lenguaje, la conquista máxima de la neocorteza es la agrupación de ideas, las cuales pueden presentarse en prospectiva, es decir, pensamos por adelantado. Durante una conversación es posible predecir lo que el interlocutor va a decir, o a hacer, éste es un proceso importante no solo en el lenguaje, sino cuando se conduce un auto, o cuando se ve una película, lo cual es un aspecto de la memoria (Brewer y Marsh, 2010).

Y no puedo dejar de lado la maravilla de la velocidad con la que es posible recordar algo cuando la estimulación y las condiciones son las adecuadas. A esto se le llama tiempo de reacción en los experimentos de laboratorio, pero que es diversión pura en los juegos de mesa en los que se requiere de una respuesta única y rápida, que por supuesto es un proceso que necesita de una memoria activa y de la familiaridad de los estímulos (Brewer y Gimbel, 2011).

Pero supongo que el lector conocerá sus fortalezas en aspectos de memoria. Pese a lo que digan los maestros que uno debe recordarlo todo, el cerebro tiene algo más en mente (dicho de manera literal).  Y es que mientras hay quienes cuentan con una mejor memoria visual, pueden recordar lo que vieron o leyeron una vez y recuerdan el nombre del autor del libro o el artículo que leyeron, existen otros que recuerdan mejor si los estímulos son auditivos, y entonces aprender a leer en voz alta para recuperar mejor la información. Están también quienes recuerdan las estímulos motores y recuerdan las cosas cuando las hacen. Y no puedo dejar de mencionar mi profunda admiración por quienes logran reconocer los sabores del bouquet de un buen vino o de una buena comida.

Tareas que parecen sencillas se vuelven complejas al tratar de explicarlas, por ejemplo,  el reconocimento de rostros es un aspecto complejo, pero esencial en la vida. Este proceso comienza en los primeros dias de vida; depende de la madurez de los músculos oculomotores y brinda la seguridad de que el cuidador es siempre el mismo. Aunque el sentido del olfato brinda protección en este sentido mientras de que se desarrolla la capacidad de enfocar objetos. De ahí, poco a poco se van haciendo una compleja red de procesos que permiten sin lugar a dudas, saber que hablamos con alguien conocido.

¿Cómo se recuerda un rostro?, ¿se le recuerda o se le reconoce?, será un tema que será excusa para otro escrito, pero lo cierto es que el proceso es complicado: comienza con la identificación rápida del rostro en cuestión, si es de caracteristicas raciales similares hará un tipo de identificación, de no ser así, tomará en cuenta mayor cantidad de detalles: el color de ojos, su ubicación, la forma, la distancia entre ellos, las caracteristicas de cada uno y luego la forma de la cara, el color, el contorno, la forma del cabello, los colores de las cejas, los labios, los pómulos (Ewing,  Rhodes y Pellicano, 2010) … y todo eso se hace un milisegundos, de ahí se entrecruzan otros detalles como si la persona es atractiva, si se le reconoce, y se busca el nombre en la biblioteca de la memoria, se hace una comparación entre rostro, nombre y se hace una ubicación de dónde es que ha visto a esa persona antes.

Por supuesto, a veces el proceso no es exacto, y termina sin saber con quien se está hablando. Y aún en ese caso, se buscan pistas como ¿sabe o no mi nombre?, ¿el tema de conversación?, si me habla de esto entonces me conoce de este lugar, el tono de voz, la familiaridad… el sistema continua su búsqueda hasta que encuentra un reconocimiento positivo… aunque no se avergüence si no se logra, pues quizá sea más fácil el reconocimiento de la voz, o de otros aspectos, como reconocer el auto, la bolsa, ¿los zapatos?... cada persona se siente inclinada a reconocer objetos del entorno de manera distintiva.

En general, pero no exclusivamente, los varones son capaces de distinguir detalles entre autos, un porshe y un Lamborgini no son iguales, un Prius y un Acura no se parecen… ¿Quién puede confundir un beetle y una MDX?.  De manera personal, solo sé que los autos tienen ruedas y usan gasolina.

Pero no siempre es la visión la principal forma de reconocimiento. No me preocupa decir que las primeras veces que esperé a quien ahora es mi esposo en el aeropuerto, no era capaz de hacer una imagen mental de su rostro. Solo recordaba que tenía ojos azules y pelo rojo. Asi que pararme a esperar a que alguien con esas caracteristicas saliera por la puerta era un reto. El único consuelo que eso me dejaba era que él me reconociera, y cuando eso sucedía, su voz no me dejaba lugar a dudas de que era la persona correcta.

Por supuesto, una vez hecho el reconocimiento, el rostro tiene un nombre… se relaciona la visión con el lenguaje en un recuerdo que empata. Ya no hay más búsqueda en los bancos de información, todo empata… el asunto es más complejo de lo que parece, pues aunque se logra todo eso en unos cuantos segundos, la búsqueda de la información requiere de distintas áreas cerebrales y toda la información se concentran en hipocampo (Ewing, Rhodes y Pellicano, 2010).

Si una tarea tan simple y cotidiana como el reconocimiento de rostros lleva tanto trabajo, solo basta imaginar el proceso de reconocimiento de palabras, tiempo verbal, tonos de voz, volúmen, modulación y contenido durante una conversación.

Partiendo de la idea de que el pensamiento es privado y el lenguaje es público, entonces hablar es hacer público lo privado. (en tantos años, no puedo recordar de quién aprendí esto en mis primeros años en la Universidad). Sin embargo ambos procesos son totalmente distintos, pues es posible pensar bajo el sistema de multitareas, y al mismo tiempo sentirse bien o mal con la temperatura externa, planear las actividades para las siguientes horas o el siguiente día, hacer una lista de pendientes, sentir hambre, hacer notas mentales de qué decir en la siguiente reunión de trabajo, intentar recordar si se alimentó al gato y se cerró la puerta del closet o si se apagó la luz… las tareas puedes ser incontables, pero, a diferencia, el lenguaje solo acepta la ejecución de un letra a la vez, que forme una palabra, que sea parte de una frase, que forme una idea, y que está pueda ligarse con la siguiente (Weimer y Palermo, 1974).

Recordar lo que se dijo, lo que se está diciendo y lo que se va a decir o predecir la siguiente frase, en estudios de laboratorio son procesos separables, pero en la vida cotidiana, son aparentemente indisolubles.

Todo esto se aprende en la interacción cotidiana, incluso antes de decir claramente la primera palabra, y cuando se comienza a practicar, los niños cometen errores verbales, pues su memoria aún no se consolida. Pero a nadie le importa esos intentos fállidos, se le anima al pequeño a que lo vuelva a intentar.

Se emplean distintas áreas cerebrales dependiendo del tipo de discurso, por ejemplo, los colores se analizan en una porción cerebral aislada del reconocimiento de voces o de formas, todo en el cerebro se desmenuza, se separa, y es la agrupación de procesos lo que aún no ha sido posible comprender.

Es por eso que el aprendizaje en los niños, no puede ser agrupado solamente en la memorización aislada y sin sentido, pues existe un espacio donde es posible agrupar y sintetizar la información. Recordar demasiado es inconveniente pues cuando un área del cerebro se sobre especializa, es por que otra área se comprime, es el caso de las personas talentosas o sobre dotadas, para quienes la neocorteza es la materia prima a cambio de dejar de lado las habilidades sociales (Herbert, 2005).

El caso más claro son las personas son Síndrome de Savant, capaces de recordar detalles diminutos de aquello que capta su atención, pero en ocasiones con un coeficiente intelectual menor a 50 (Winner, 1998).

Recordar entonces, depende de la atención, de la estimulación del medio y de la capacidad del hipocampo para reconocer tareas (Brewer y Gimbel, 2011). ¿Parece complejo?, bueno, si se le intenta explicar empleando solo impulsos electricos, bio químicos, conexiones neuronales y un poco de conocimiento de la neurofisiología, si que lo es, pero es una actividad que cada cerebro realiza todos los dias, cada segundo de cada día de nuestras vidas…

Alma Dzib Goodin

 Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco más de mi trabajo en: http://www.almadzib.com
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Referencias

Brewer, G. and Marsh, RL. (2010) On the role of episodic future simulation in encoding of prospective memories. Cognitive Neuroscience. 1 (2) 81-88.

Brewer, JB. and Gimbel, SI. (2011) Reaction time, memory strength, and fMRI activity during memory retrieval: Hippocampus and default network are differentially responsive during recollection of familiarity judgments. Cognitive Neuroscience. 2 (1) 19- 26.

Ewing, L., Rhodes, G. and Pellicano, E. (2010) Have you got the look? Gaze direction affects judgment of facial attractiveness. Visual cognition. 18 (3) 321-330.

Glöckner, A. and Witteman, C.  (2009) Beyond dual- processes model: A categorization of processes underlying intuitive judgment and decision making. Thinking and reasoning. 16 (1) 1-25.

Hawkins, J., and Blakeslee, S. (2004) On intelligence. Times Books. USA.

Herbert, M. (2005) Large brains in autism: the challenge or pervasive abnormality. The Neuroscientist. 11 (5) 417-440.

Molinaro, N., Conrad, M., Barber, H. and Carreiras, M. (2010) On the Functional Nature of the N400: Contrasting effect related to visual word recognition and contextual semantic integration. Cognitive Neuroscience. 1 (1) 1-7.

Pendarvis, E., Howley, A., & Howley, C. (1990) The abilities of gifted children. Prentice Hall. USA.

Weimer, W. and Palermo, DS. (1974) Cognition and the symbolic processes. Lawrence Erlbaum Associates. USA.

Winner, E. (1998) Uncommon Talents: Gifted Children, Prodigies and Savants. Scientific American Presents. 32-37.